LA "MAFIA" DEL TRIPLE CRIMEN
DE LA PLATA RESULTÓ SER EL APARATO ESTATAL
Desde el
viernes 19 de octubre se tejieron las más variadas hipótesis para explicar el
triple asesinato de policías en la planta de comunicaciones del ministerio de
seguridad bonaerense cerca de La Plata. El presidente Kirchner habló de "un
complot de la derecha"; el ministro de seguridad Arslanián de "venganza
de delincuentes o acto de terror, un atentado a la democracia, a la nación y al
orden público". Desde la "oposición", la mayoría apuntó genéricamente
a la "inseguridad", aprovechando para hacer campaña a costa de los tres
muertos. López Murphy, más osado, afirmó que era un hecho con
"manifestaciones muy propias del terrorismo"; coincidiendo con el Centro de Oficiales Retirados de la provincia de Buenos
Aires, que apuntó al "accionar de grupos radicalizados de
ultraizquierda". Conocidos analistas del tema policial bonaerense no
dudaron en señalar a policías echados de la fuerza por Arslanián, como los que
integran la agrupación "Sin Gorra", con el objetivo de enrarecer el clima
preelectoral. El periodista Ricardo Ragendorfer, en ese sentido, dijo "los
mataron para tirar los cadáveres sobre el escritorio de algún
funcionario".
CORREPI, con la cautela que la
falta de información directa nos imponía, recordó que semanalmente
informamos numerosos casos en que los agentes del orden solucionan sus internas
de la única forma en que lo saben hacer y bajo la misma modalidad con la que
ejecutan su tarea de control y limpieza social en los barrios: a los
tiros.
Finalmente, la investigación judicial
concluyó que se trató de un crimen "pasional", a raíz del romance de uno de
los oficiales más jóvenes, y el más salvajemente castigado, con una empleada del
ministerio de seguridad. Un ex novio despechado de la muchacha habría contratado
a varios individuos para cobrarse la traición amorosa, y ya que estaban, o para
confundir la investigación, mataron también a los otros dos policías. Pero todos, organizador, partícipes y
ejecutores, terminaron siendo parte del aparato estatal. Corroborando lo
que dijimos hace una semana, el crimen, aunque motivado aparentemente por una
disputa personal, fue orquestado y llevado adelante usando los recursos que el
estado pone a disposición de su aparato de seguridad oficial y oficioso para
cumplir sus objetivos institucionales.
El novio despechado, Leandro
Fabián Colucci (28), trabaja en la mesa de entradas del Ministerio de Desarrollo
Humano provincial, y es militante de la agrupación Eva Perón, alineada con el
Frente para la Victoria y que apoya al intendente peronista Julio Alak. Habría
convocado para el trabajito a Gustavo Mastrovitto y Javier Uriarte, barras
bravas de Estudiantes y Cambaceres, que militan en la corriente peronista
de Pablo Bruera, y son integrantes de la UOCRA La Plata, el gremio que
dirige Juan Pablo “Pata” Medina. El "Pata" se hizo conocido públicamente hace un
año por los hechos de violencia el día del traslado de los restos de Perón, en
la quinta San Vicente. De hecho, los investigadores usaron los videos de
ese día para identificar a Mastrovitto y Uriarte.
Los otros dos investigados
son el jefe de la barrabrava de Estudiantes, el policía Fabián
Gianotta, echado de la fuerza en 1997, y un segundo policía, sólo que éste
recibido en enero de 2007 y en actividad. Este uniformado, compañero de
promoción de dos de las víctimas, es uno de los 17 policías que integraban la
dotación de la planta transmisora, y sería quien proveyó la inteligencia interna
y facilitó el ingreso de los homicidas al predio. Fue el único de los destinados
a esa dependencia que se negó a entregar su arma reglamentaria para los estudios
periciales, argumentando que se la robaron justo al día siguiente de los
homicidios, lo que indicaría que sería una de las armas que se dispararon esa
madrugada. Aunque no estaba de servicio ese fin de semana, sus huellas
digitales aparecieron en diversos lugares comprometedores.
Resumiendo: La "banda
mafiosa" que urdió el "complot de la derecha" para "atacar al
gobierno por su política de DDHH y atentar contra la
democracia" estaba integrada, al menos, por un puntero del partido de
gobierno y "ñoqui" del ministerio de desarrollo social; un ex policía que dirige
fuerzas de choque informales para el mismo partido; dos patoteros de un gremio oficialista, y un policía en
actividad, recibido hace ocho meses. ¿Son o no son parte del mismo
aparato represivo que integraban los tres muertos? De nuevo, se matan entre
ellos usando los mismos métodos y recursos que el estado les da para atacar al
pueblo.
EN EL RÍO URUGUAY NO
HUBO ERRORES NI EXCESOS
Ante la inminente entrada en funcionamiento
de la pastera Botnia, se redoblaron las protestas. Una de ellas se llevó a cabo
en el río Uruguay, con una marcha náutica. Evidentemente provocó lo
suficiente como para que la prefectura uruguaya saliera a reprimir en el medio
del río. Así, mientras pretendían atar cabos a las lanchas más rápidas, una
embarcación que simulaba ser un barco pirata, fue directamente abordada por los
represores orientales. Se produjeron forcejeos con los asambleístas, dos de
ellos sufrieron lesiones y tuvieron que ser hospitalizados cuando regresaron a
Gualeguaychú. Graciosamente un prefecto se cayó al agua y tuvo que salir
nadando.
La Asamblea Ciudadana Ambiental
Gualeguaychú denunció que los prefectos impedían la libre navegación del
río, y que al reprimir ambientalistas que protestaban pacíficamente,
actuaron "con exceso y abusando de su autoridad". No podemos acordar con la definición de los reprimidos
asambleístas: La represión nunca importa errores, excesos o abusos, sino que es
método e ideología. Método e ideología del capitalismo.
Mientras los
vecinos de Gualeguaychú protestaban contra los contaminadores, una comitiva
de diplomáticos de la Unión Europea visitaba placenteramente las instalaciones
de la papelera, bajo el beneplácito vergonzante de los otrora izquierdistas del
Frente Amplio, y a pocos kilómetros de Fray Bentos, en la paquetísima Punta
del Este, Felipillo González expresaba su malestar por los cortes de rutas
y piquetes.
El capital le
ordena a Tabaré Vázquez que terminen estas protestas que le hacen
perder dinero. Así como hace no mucho militarizó la zona que rodea la planta,
ahora, el empleado de las pasteras mandó a la prefectura contra los gomones de
Gualeguaychú. Para justificar estas medidas inventaron inminentes sabotajes
y de posibles "acciones terroristas". El presidente Vázquez y sus
funcionarios han utilizado argumentos nacionalistas para justificar su
entrega a Botnia, pero ante el desarrollo de conciencia dentro del propio
Uruguay, no cometerá errores ni excesos, sino que hará lo que el
capitalismo espera de él: reprimir a los que impiden que crezcan las
ganancias.
20/12/01: PROCESAMIENTO INSUFICIENTE Y TARDÍO
Por
primera vez en la historia argentina, y quizás de buena parte de la
historia moderna universal, un presidente constitucional fue procesado por la
muerte de manifestantes reprimidos por su aparato
policial. Fernando De La Rua, el presidente
de la Alianza, es hoy uno más de los funcionarios de su gobierno que deberá ir a
juicio oral por los asesinatos de Diego Lamagna, Gastón Riva, Gustavo Benedetto,
Alberto Márquez, y nuestro compañero de CORREPI, Carlos "Petete" Almirón. Junto
con él, fueron también procesados varios de los jefes policiales que integraban
la cúpula de la federal en diciembre de 2001. Antes, desde 2002, están en igual
situación su ex secretario de seguridad interior, Enrique Mathov, el ex jefe de
la federal Rubén Santos, y otros dos
comisarios.
Sin embargo, este procesamiento tiene el amargo sabor de lo INSUFICIENTE
y lo TARDÍO.
¿Se acuerdan como comenzó el
mandato de Fernando De la Rua? A sangre y fuego el 17 de diciembre
de 1999 en Corrientes, con la masacre del puente Belgrano, dos muertos
y medio centenar de heridos, apenas una semana después de asumir. Y terminó
con centenares de heridos y 37 muertos en todo el país, el 20 de
diciembre de 2001.
Este procesamiento es insuficiente,
porque sólo contempla cinco víctimas. Ni siquiera lo responsabiliza
por todos los muertos que hubo en la ciudad de Buenos Aires entre el 19 de
diciembre a la noche y el 20 por la tarde. Sólo fue procesado por los cinco
caídos el día 20, en lo que los jueces llamaron "el corredor Plaza de
Mayo-Congreso".
Insuficiente, también,
porque se le reprochan, igual que a los demás procesados, cinco homicidios
culposos, es decir, por haber sido "negligente", "imprudente", por haber
"violado el deber de cuidado"… como si dar la orden de desalojar miles de
manifestantes de una plaza fuera comparable a cruzar sin querer un semáforo
en rojo.
Y es tardío, porque esta
resolución tan "oportuna" en tiempo y modo del juez Bonadío llega seis años
tarde, y no porque se hayan arrimado nuevos elementos de juicio para probar la
responsabilidad de De La Rúa en la represión. Todo lo contrario: el
procesamiento se funda en lo mismo que ya estaba en la causa desde el
principio, cuando una y otra vez la
justicia dio vueltas en redondo para evitar el escarnio de procesar a un
"político de raza".
Sin profundizar sobre las internas
que disputan Servini de Cubría o Bonadío, que al margen de eso defienden los
mismos intereses, a estos jueces les llevó seis años concluir que los
argumentos de la defensa de De La Rúa eran absurdos. El ex presidente se pasó
seis años diciendo que él no sabía lo que estaba pasando en la calle, porque no
tenía radio ni televisión, y su despacho daba sobre Paseo Colón, así que no
veía la Plaza de Mayo. Se pasó seis años diciendo que no sabía que a metros de
su mullido sillón la caballería cargaba contra los manifestantes, y
los grupos de combate de infantería tiraban gases y baleaban a la
multitud. Se pasó seis años afirmando que sólo supo de las muertes a la noche,
después de renunciar. Se pasó seis años diciendo que no ordenó la
represión. A la par, la justicia se pasó seis
años dudando si eso no sería cierto, hasta llegar a esta decisión,
repetimos, tardía e insuficiente.
De La Rua, Mathov, Santos y los comisarios dicen en sus
defensas que no ordenaron matar a nadie, y como los cobardes que son, cada uno
le echa la culpa al otro, en un gigantesco juego del Gran Bonete donde parecería
que miles y miles de policías decidieron, solitos y cada uno por su lado, armar
el operativo represivo más imponente de nuestra historia reciente.
También el ex presidente Hipólito Yrigoyen
decía que no ordenó fusilar a nadie en la Patagonia. Le alcanzó con decirle
al coronel Varela "vaya y haga lo que tenga que hacer" para que
la masacre de obreros
rurales fuera un hecho. Cuando el jefe político circunstancial del
aparato represivo del estado dice eso, o dice "Hay que vaciar la Plaza", está
claro qué es lo que están ordenando. “Vayan y hagan lo que tengan que hacer”. Y
la orden se cumple al precio que sea, para garantizar la gobernabilidad, “para
defender los intereses de la Patria”.
Decirle eso a los milicos, a la policía, a la
gendarmería, no es imprudencia o negligencia. No es violar un deber de cuidado.
Es emplear los términos adecuados en una relación de mando donde está todo
claro. Aníbal Fernández o Néstor Kirchner tampoco tuvieron que explicar a
sus gendarmes y prefectos cómo torturar a los santacruceños, o cómo balear a los
trabajadores pesqueros de Mar del Plata.
De la Rua ganó las elecciones presidenciales agitando la
bandera de la transparencia democrática y la austeridad republicana. Una
bandera tan mentirosa como la del crecimiento económico y la defensa de los
DDHH, que vemos agitarse por estos días.
SE VIENE EL ARCHIVO DE CASOS
En apenas un mes y medio, como todos los años desde
hace 1996, CORREPI realizará la presentación del archivo de casos de personas
asesinadas por la represión estatal. Esta vez será el viernes 14 de
diciembre a las 17 horas, como siempre, en Plaza de Mayo.
La elaboración
del Archivo, en el que trabajamos a lo largo de todo el año, surgió de la
necesidad de exponer, con los crudos datos a la vista, las conclusiones a las
que fuimos llegando a partir la experiencia en la militancia antirrepresiva.
Pero aunque el eje del trabajo sean los nombres y números, éste no es un trabajo
destinado solamente a cruzar datos y obtener gráficos. Contar con esos elementos
demostrativos del alcance de la represión estatal es sumamente útil, y permite
acceder a una realidad que aparece desdibujada y oculta para la gran masa de la
opinión pública. Pero lo que CORREPI se propone con la elaboración del
Archivo es generar una herramienta que sirva a la organización y la lucha
antirrepresiva, poniendo a disposición de militantes, organizaciones,
periodistas, y la sociedad en su conjunto, un reflejo, aunque pálido e
incompleto, de lo que es el día a día represivo en nuestro país.
Por eso,
también como todos los años, convocamos a todas las organizaciones, a todos
los compañeros de cualquier punto del país a que colaboren en este tramo final
remitiéndonos los datos que conozcan de casos de gatillo fácil, de muertes en
cárceles y comisarías, de muertes en la tortura, de desapariciones, enfin, de
todo hecho en el cual el estado, a través de su aparato represivo, haya matado
una persona. Esta cooperación que recibimos de organizaciones y compañeros de
las distintas provincias del país es esencial para suplir nuestra incapacidad y
escasez de medios para acceder a la información en todo el país. Por eso el
Archivo, como decimos siempre, no es de CORREPI, es de todos los que nos ayudan
a confeccionarlo.
Les pedimos también que el 14 de diciembre nos
acompañen en la Plaza, en esta actividad cuyo eje central es la denuncia de la
política represiva del estado argentino en cualquiera de sus variantes, la del
control social sobre los sectores sociales más vulnerables con el gatillo fácil,
la tortura y las detenciones arbitrarias, y la que se descarga contra esos mismo
sectores organizados, bajo la forma de la represión política, la persecución,
las amenazas, la criminalización de la protesta y el encarcelamiento por razones
políticas. este año, tendrá la particularidad de coincidir con el fin del
primer gobierno kirchnerista y la inauguración del segundo. El primero, que
quiso ser "el de los DDHH", nos mató más de un pibe día por medio y batió el
record de presos políticos en Argentina. El que vendrá promete más de lo mismo,
pero con otro "glamour".
EN LOS GATILLOS YANQUIS, TODOS LOS MUERTOS
SON PARDOS
El domingo pasado Jayson Tirado, de 25 años
y origen puertorriqueño, fue baleado por un agente encubierto en Nueva
York. En el momento del hecho el policía estaba fuera de su horario de
servicio de la unidad antinarcóticos, cuando tuvo un incidente de tránsito menor
con el joven latino. En respuesta a su mala maniobra, Jayson sacó su mano por la
ventanilla, y levantó su dedo medio. El gesto de insulto motivó que el policía
empuñara su arma y la disparara tres veces. El joven, herido en el tórax, murió
unas horas más tarde en el hospital de Harlem, mientras el policía escapaba.
Aunque después se lo identificó, sigue en libertad.
"Este policía mató a un hombre.
¿Qué vamos a hacer? Nada, porque están matando negros e hispanos como si
fuéramos cucarachas" dijo a un diario Marcel Herrera, veterano de
la marina. Jason Batista, que viajaba en el auto con
Tirado, sonó como tantos familiares de víctimas del gatillo fácil en
Argentina cuando declaró “si fuera
cualquier otra persona, un afroamericano o latino, estaría en la cárcel ahora
con toda la fuerza de la ley encima. Él es policía y por eso está libre. Pero
mató a un hombre”.
Por descontado que el policía declaró que disparó
en defensa propia, aunque está probado que el muchacho estaba desarmado. En el
velatorio se vio a los padres de Sean Bell, un muchacho que en diciembre de 2006
fue acribillado por 50 disparos de policías que lo confundieron con un
delincuente. El hecho se produjo cuando aún no se apagaron los ecos del sonado
episodio de principios del mes pasado, cuando un agente de policía local de
Candon, Wisconsin, asesinó a seis chicos e hirió de gravedad a otro tras
irrumpir en una fiesta de jóvenes de entre 14 y 20 años que hacían mucho
ruido.
Cuando nuestros "expertos en
seguridad" miran y alaban lo que ocurre allá en el norte, tengamos bien claro
que es esto lo que quieren
emular.
PRÓXIMAS ACTIVIDADES
Jueves 1º de noviembre, 16:30, participación de María del
Carmen Verdú, de CORREPI, en la jornada "El Gatillo Fácil como
Política de Estado", en el marco de la "Cátedra Abierta Crítica al Derecho.
Derecho a la Crítica", Facultad de Derecho, UN de Mar del
Plata.
En La
Plata, escuchá Atando Cabos, el programa de CORREPI,
los lunes a las 20:00 por Radio Futura, FM
90.5.
Los sábados, a las 18:00, columna de opinión de María del Carmen
Verdú en el programa Leña al Fuego, del periodista H. Schiller, por Radio
Porteña, ex Radio Ciudad, AM 1110, www.radiodelaciudad.gov.ar, tel. 5371-4600, Sarmiento 1551, 9° piso.
Entrada libre y gratuita.